La iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente vincula la exclusión residencial con la precariedad laboral y reclama medidas que permitan a las personas trabajadoras desarrollar un proyecto de vida autónomo.
La Diócesis de León se sumó este miércoles, 7 de octubre, a la Jornada Mundial por el Trabajo Decente bajo el lema «Ante la exclusión, trabajo decente». La jornada puso el foco en el derecho a una vivienda digna y asequible, ante una realidad en la que disponer de un empleo ya no garantiza poder acceder a un hogar.
La convocatoria de las entidades que integran Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) incluyó una eucaristía a las 19:00 horas en la parroquia de Santa Marina, prevista bajo la presidencia del obispo Luis Ángel de las Heras, y un acto público a las 19:45 horas en la plaza de Santo Martino para dar lectura al manifiesto de la jornada.
La iniciativa reúne a Cáritas Diocesana de León, la delegación diocesana de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), el Movimiento Rural Cristiano y las áreas diocesanas de Pastoral del Trabajo, Laudato Si y Migraciones y Movilidad Humana.
El manifiesto advirtió de que «la crisis habitacional se ha convertido en uno de los rostros más visibles de la exclusión». Los alquileres elevados y los precios de compra inasumibles obligan a muchas personas trabajadoras a compartir vivienda, endeudarse o renunciar a una vida independiente.
Desde ITD alertaron de que esta situación afecta especialmente a la juventud, para la que la formación y el acceso al empleo no aseguran unas condiciones de vida dignas ni la posibilidad de emanciparse. En este sentido, señalaron que «cuando el derecho a la vivienda se subordina a la lógica especulativa, el trabajo pierde su capacidad de sostener una vida digna».
El texto denunció también el impacto de la especulación inmobiliaria, que relacionó con la actividad de fondos buitre, la expansión de las viviendas turísticas, los pisos no declarados y los abusos de propietarios. Según las entidades convocantes, estas prácticas agravan las dificultades de acceso a la vivienda de la clase trabajadora.
Ante esta realidad, Iglesia por el Trabajo Decente reclamó contratos indefinidos a jornada completa, salarios acordes con el coste de la vida y medidas que faciliten la conciliación familiar y personal.
La reivindicación se extendió a las políticas de vivienda, con peticiones de ampliación del parque público, regulación de los precios del alquiler y actuaciones para frenar la especulación que expulsa a las familias de sus barrios. El manifiesto vinculó ambas demandas con una idea central: sin una vivienda accesible, la exclusión persiste aunque exista empleo.




